Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera

domingo, 22 de mayo de 2011

Mientras escribo te estoy mirando por tele. Hace unos minutos vi el resumen del fin de semana que le bajaste la pelota a Santiago Silva y Vélez se puso 1-0. Sé que muchos hinchas de Racing estarán en desacuerdo con lo que pienso. Y a veces me da bronca no tenerte (precisamente) bronca. Todo lo contrario: te veo con la del Fortín y me angustio. Hacés una de esas apiladitas por la punta izquierda y me dan ganas de cambiar de canal.

Es que te extraño. Pero te extraño en serio. Desde aquel partido con Lanús en el que debutaste y nos hiciste saltar de los asientos ante cada intervención, te convertiste en mi debilidad. Para mí, cualquier cosa que hicieras estaba bien. Hasta tu ida a Rusia la tomé como algo lógico.
Cuando volviste todos te miraban de reojo y pocos creían que venías a ayudarnos a evitar el descenso. A mí eso me importó un carajo, estabas de nuevo. Un diamante en bruto en medio de brutos con pies que parecían diamantes. Y el gol a Belgrano, y la primavera de aquel equipo de Llop, y la vuelta del “Moraaaaalez, Moraaaaalez”.
Tenías que volver a Moscú, pero te pusiste en contacto con los nuevos dirigentes. Les rogaste que hicieran el esfuerzo. Parecía que sí, que te quedabas. Y apareciste en Vélez… Me quedé sin palabras, no te pude defender. Pero tampoco te pude matar.
Me encontré con una frase de alguien que te conoce: “Siempre quiere estar en Racing, si fuera por él vuelve” (me imagino las puteadas de los lectores en este momento…). No quiero ponerme a disentir con nadie, a decir que sos un profesional, que si no te pagan está bien que te vayas o que podrías haber hecho un esfuerzo y darle a Racing algo más. En esas noches en las que haciendo cuentas o esperando milagros no concilio el sueño, no te imaginás Enano cómo te extraño.

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